El segundo obstáculo al que se enfrenta nuestra voz en la vida cotidiana son los demás; prácticamente desde pequeños se nos programa para comportanos de acuerdo a un sinnúmero de reglas de conducta y nuestra voz de nuevo sufre a través de los: "¡Cállate!", "Shhh" o amenazas del tipo "Si no te callas vas a ver".
¿Cómo pues se nos pide tiempo después que usemos la voz con seguridad si el hecho de expresarnos siempre estuvo comprometido a lo que los demás querían de ella?
Pues bien es necesario aclarar no es ser permisivos con los pequeños, sino darnos el tiempo por muy latoso que parezca de explicarles el por qué en ese lugar o momento específico no es adecuado, incluso proponer una hora para cantar, hablar fuerte, liberar, etc. Y tendrán que hacer una pausa en las actividades, salir del lugar (una ceremonia religiosa por ejemplo) y darse ese tiempo por muy inadecuado que parezca.
Ya dejando de ser niños es más fácil que el sentido común nos otorgue el buen juicio de saber el lugar y el momento de hablar, pero a los pequeños es importante guiarlos pero con instrucciones claras, tranquilas.
Con esta segunda parte nos hemos dado cuenta de los dos obstaculos que encontraremos al momento de hablar de manera libre, de usar nuestra voz a voluntad.
En el próximo documento les presentaré a un ayudante que por un tiempo nos servirá para reconocer, ubicar nuestra voz.
Una voz fuerte no puede competir con una voz clara, aunque esta sea un simple murmullo.
(Confucio)
No hay comentarios:
Publicar un comentario